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Las lavanderías de autoservicio, de curiosidad a realidad

En el centro de las ciudades todos vemos cómo unos comercios se abren y otros se cierran. En los últimos años hemos podido ver la aparición de un protagonista nuevo de la vida cotidiana: las lavanderías de autoservicio.

No estamos ante un recurso marginal para estudiantes o viajeros; hablamos de un espacio rutinario, que casi es un ritual urbano, en el que se lava, se seca o se trabaja en el portátil y hasta a veces se puede llegar a sociabilizar.

Un fenómeno urbano con raíces globales

Lo primero que hay que tener claro es que las lavanderías de autoservicio no son algo nuevo. En Estados Unidos, los denominados “laundromats” ya son parte del paisaje en las ciudades desde mediados del siglo XX.

En el continente europeo, el modelo llegó años más tarde, pero en esta década se ve como definitivamente ha llegado a explotar, especialmente en nuestro país, en el que ha crecido del orden de un 60%.

Este negocio se concentra especialmente en las ciudades, donde además podemos apreciar que tiene una presencia de lo más destacada en las zonas turísticas y en los barrios universitarios.

No estamos ante algo casual, ya que son áreas que tienen una gran densidad poblacional, viviendas de pequeño tamaño y unos perfiles de usuarios que son jóvenes o que tienen una gran movilidad.

¿Quién usa las lavanderías de autoservicio (y por qué)?

En este sentido, desde que empecé a ir a The Laundry Hub, vi, al fijarme e interactuar con algunos, que la mayor parte de la gente eran estudiantes, profesionales jóvenes o trabajadores que tenían horarios complicados, así como parejas sin hijos u hogares unifamiliares.

Para muchos, no es una cuestión de preferencia, sino de necesidad: pisos de alquiler sin espacio para lavadora, mudanzas temporales o la necesidad de lavar grandes volúmenes de ropa (edredones, cortinas, prendas deportivas) que no caben en una lavadora doméstica.

Eso sí, existe algo más que es la cultura del “pago por uso”. Vivimos en un mundo en el cual se puede decir que se alquila de todo, desde vehículos hasta software, de tal forma que se paga únicamente por lo que se usa.

No existe inversión en electrodomésticos, ni mantenimiento, ni productos; se llega, lavas, secas y te marchas.

La ecuación de la conveniencia: rapidez, horario y flexibilidad

La ventaja más importante y que se nota rápidamente es la rapidez. En este sentido, una colada completa, con lavado y secado, puede estar preparada en menos de una hora.

Para las personas que tienen horarios realmente apretados, eso puede ser oro. No olvidemos que bastantes locales abren todos los días con unos horarios bastante amplios, que pueden ir desde las 8:00 a 23:00 e incluso algunos operan 24 horas.

Algo que es vital es la flexibilidad, ya que se puede ir después del trabajo, los fines de semana o hasta de madrugada en el caso de que el local lo permita. No se debe reservar, ni estar esperando a que el técnico repare la lavadora en casa. Estamos ante un servicio “on demand”, similar a pedir la comida o un taxi.

El coste: ¿merece la pena?

En este sentido, la respuesta depende del uso. Cuando sea algo ocasional, como hacer una mudanza, lavar un edredón, estar una semana sin lavadora en casa, el precio se puede asumir. El coste medio por cada lavado va a rondar entre los 4 y los 7 euros, y el secado unos 2 euros. A nivel general, luego depende de cada sitio; se puede decir que una colada completa puede salir por unos 6,5 euros.

Cuando es usada como una opción habitual, como por ejemplo tres veces a la semana, los números van cambiando. Para los hogares que tienen un presupuesto ajustado, eso puede ser bastante significativo, por lo que muchos usuarios lo que hacen es priorizar la conveniencia y el ahorro en materia de tiempo sobre el coste como tal.

Más que lavar: el factor social y productivo

Un tema interesante que se ha producido en las ciudades es que las lavanderías de autoservicio han pasado a ser espacios productivos y, muchas veces, sociales. Se tiene WiFi gratis, mesas para trabajar y enchufes, por lo que son muchos los usuarios que incluso llegan a aprovechar para estudiar o hacer alguna labor en el portátil o incluso leer mientras la ropa sigue girando.

Hay locales que tienen hasta áreas para descansar, máquinas expendedoras de los snacks y bebidas o hasta zonas infantiles o para las mascotas. No es extraño que veamos a alguien que esté tomando un café, trabajando en una startup mientras espera a que se acabe el secado.

Para algunas personas es un “tercer espacio”, un sitio neutro en el que ser productivo sin la presión de la oficina ni las distracciones del hogar.

Sostenibilidad y tecnología: el nuevo estándar

Las lavanderías modernas han ido evolucionando. No son locales oscuros que tienen máquinas ruidosas. Actualmente, son bastantes las que apuestan por un diseño que sea limpio, iluminación LED, máquinas de reducido consumo y sistemas de pago que tengan app móvil o tarjeta.

Algunas marcas, como The Laundry Hub, han integrado conceptos como “Eco Wash” (lavado responsable) y “Premium Care”, que da unos resultados profesionales en tiempo récord y que combina la eficiencia energética con la mejor experiencia de usuario.

Está claro que la sostenibilidad no es solamente un eslogan, puesto que las máquinas industriales tienen más eficiencia que las domésticas, utilizando menores cantidades de agua y energía por cada kilo de ropa.

El negocio detrás del tambor: rentabilidad y modelo

Para los emprendedores, estamos ante un modelo que es atractivo. Si hablamos de cifras, la inversión inicial para un local de tamaño pequeño o medio oscila entre los 45.000 y los 70.000 euros, con unas rentabilidades anuales que pueden oscilar entre el 18 y el 35%, así como una amortización que puede estar entre los 2 y los 3 años en ubicaciones bien seleccionadas. Las franquicias tienen unas opciones que son más accesibles, que van desde los 14.000 euros, aunque los costes recurrentes sean mayores.

La clave del éxito se encuentra en la ubicación, ya que está próximo a las universidades, barrios jóvenes, zonas turísticas o áreas que tengan una elevada densidad en cuanto a los alquileres.

Los servicios complementarios pueden terminar representando entre el 15% y el 25% de los ingresos totales.

Curioso, pero cierto: la lavandería como espejo urbano

Existe algo que casi es antropológico en las lavanderías de autoservicio. Hablamos de que es todo un reflejo de la ciudad a nivel contemporáneo: flexible, rápida y temporal. En este mundo en el que la propiedad es sustituida por el acceso, en el que el tiempo es un recurso escaso y en el que los espacios pasan a multiplicarse, la lavandería es algo que encaja como un guante.

No es únicamente un sitio para lavar la ropa. Estamos ante un espacio de transición, un intervalo entre las tareas, un sitio en el que el tiempo se mide en el secado y en los ciclos de lavado. Para muchas personas es un refugio, para otros, es una oficina improvisada; para muchos, una solución práctica.

El futuro: ¿hacia dónde va el modelo?

El aumento del 60% en cinco años sugiere que el fenómeno no es algo pasajero. La profesionalización del sector, en el que la diferenciación mediante servicios adicionales y la inversión en tecnología apuntan a un mercado competitivo y maduro.

Las tendencias indican más integración con apps en materia de gestión, sistemas de pago sin contacto y servicios de recogida y entrega a domicilio.

Existen locales que tienen  “drop-off”: dejas la ropa, te la lavan, secan y doblan, y la recoges cuando quieras.

Otro de los ejes importantes es la sostenibilidad: máquinas más eficientes, detergentes ecológicos y programas de reciclaje de envases.

¿Con qué debemos quedarnos?

El éxito que tienen las lavanderías de autoservicio no es un accidente. Estamos ante la respuesta a una necesidad que es bastante real. Pensemos que hay viviendas pequeñas, estilos de vida muy acelerados, así como una cultura que valora la flexibilidad y el acceso sobre la misma propiedad.

No estamos ante algo perfecto, puesto que el coste puede ser alto cuando se use mucho, pero para millones de urbanos, es una solución que encaja.

Podemos concluir diciendo que las lavanderías de autoservicio son algo más que un negocio; son síntomas de cómo vivimos actualmente. Mientras que las ciudades continúen creciendo y cada vez tengamos menos tiempo, es probable que los tambores continúen girando, ciclo tras ciclo, en el mismo corazón de los barrios de las ciudades.

Por este motivo, parece que este tipo de lavanderías vamos a seguir viendo cómo aparecen en las series y películas, pero también en nuestros barrios; eso sí, en la actualidad siendo vistas como un establecimiento cotidiano y no esa rareza que eran hace unos pocos años en nuestro país.

Ahora, de ti depende si recurrir a ellas, algo que dependerá de las necesidades que tengan y la situación en la que te encuentres. Lo que está claro es que su éxito no ha sido una casualidad y, al final, como suele pasar en la aparición de nuevos negocios, todo tiene su razón de ser.

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