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La aerotermia es el tipo de calefacción que más crece.

Aerotermia

La aerotermia es una modalidad del aire acondicionado con bomba de calor. Uno de los sistemas de calefacción que más está llamando la atención de los ciudadanos debido a su bajo consumo, a su alto poder calorífico y a su sostenibilidad. Una alternativa a la calefacción de gas natural, que poco a poco le va comiendo terreno.

Llegamos de vacaciones en septiembre y en seguida nos ponemos a acondicionar la casa de cara al invierno. Forma parte de la vuelta a la normalidad, a la rutina. En pocas semanas, en un par de meses a lo sumo, haremos el cambio de ropa, sacaremos las mantas del armario y, por supuesto, revisaremos el estado de la calefacción. No queremos que el frío nos coja desprevenidos.

Respecto a la calefacción, el Periódico de la Energía subraya que la calefacción por gas natural es la más utilizada en España, con diferencia. En comunidades autónomas como Madrid, está presente en un 69,3% de los hogares. En el País Vasco en un 66%, en La Rioja en un 60,3% y en Cataluña en un 56,9%.

Los radiadores eléctricos son el siguiente modelo más extendido. En las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla está presente en un 89,8% y en un 93,3% de las viviendas, respectivamente. También tiene una fuerte implantación en la España más cálida, donde los inviernos son más suaves, como en Canarias, las Baleares o Murcia.

Llama la atención, por otro lado, cómo la calefacción por gasóleo está ganando presencia en regiones como Castilla-La Mancha o Galicia.

Sin embargo, estos sistemas implican un alto consumo energético y un gran coste económico en los recibos de la luz, del gas y de otros suministros que pagamos mes a mes. Por lo que no es extraño que los ciudadanos evalúen alternativas más baratas. Entre ellas, la aerotermia parece ser la que está cogiendo ventaja.

¿Qué es la aerotermia?

Resalta la revista Interiores que, según la OCU, Organización de Consumidores y Usuarios, la aerotermia es el sistema de calefacción que menos energía consume y, por tanto, el más barato para los ciudadanos, seguido de cerca por la biomasa.

Un sistema de calefacción por aerotermia tiene un coste de consumo mínimo de 229 € al año, frente a los 800 € que cuesta mantener operativa una calefacción por gasoil. La instalación de un aparato de aerotermia es costosa. Puede salir por unos 9.700 €, pero debido al ahorro que repercute en el recibo de la luz, la inversión se puede amortizar en poco tiempo.

Para proporcionarnos aire frío en invierno y calor en verano, los aparatos de aerotermia obtienen el aire directamente del exterior de la vivienda. Al igual que un aparato de aire acondicionado estándar, disponen de dos unidades. Un condensador exterior y un split interior. Con la tecnología de la aerotermia, el aire exterior se calienta pasando por un depósito de agua. En verano, que se hace el proceso inverso, también se utiliza el agua para refrigerar el aire. Este detalle hace que se necesite menos electricidad para generar frío o calor e, incluso, que se pueda obtener aire del exterior para calentar la vivienda cuando las temperaturas son extremadamente bajas.

La aerotermia también nos da la posibilidad de disponer de agua caliente sanitaria por este sistema. El mecanismo es capaz de calentar agua que tenemos almacenada en un depósito, usando los cambios de temperatura que se dan en el circuito interno. Si bien, para aprovechar esta prestación, necesitamos un espacio en la vivienda para colocar el depósito de agua.

Esta propiedad convierte a la aerotermia, además de un modelo económico, en un sistema sostenible. Ya que aprovecha toda la energía que se produce durante su funcionamiento, en lugar de consumir más electricidad.

Diferencia con la bomba de calor. 

Podríamos decir que un aparato de aerotermia es un aire acondicionado con bomba de calor, pero no todas las bombas de calor funcionan con aerotermia.

La bomba de calor tradicional hace pasar el aire que proyecta sobre la habitación por una resistencia eléctrica. Similar a la que utiliza un radiador que funciona con electricidad. En cambio, la aerotermia, como ya hemos indicado antes, hace circular el aire que capta del exterior a través de un circuito de agua. Que, si bien esta agua se ha calentado por medio de electricidad, necesita menos energía para alcanzar la temperatura adecuada y conserva el calor por más tiempo.

En verano utiliza el mecanismo inverso. El aire, igualmente, pasa por el circuito de agua, esta vez sin calentar, por lo que no necesita tanto líquido refrigerante.

ElDiario.es resalta, además, que la aerotermia es un sistema más saludable que el aire acondicionado tradicional. No en vano, el ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid lo ha escogido como el sistema para climatizar colegios de primaria y escuelas infantiles en esta ciudad. Muchas personas se quejan, y tienen razón en ello, de que el aire acondicionado genera un aire seco, que termina resecando el ambiente. Con la aerotermia, al efectuar el cambio de temperatura pasando por el agua, el aire que proyecta tiene una mayor humedad y es menos pernicioso para las vías respiratorias.

El funcionamiento de un aire acondicionado estándar remueve el aire de la estancia, levantando ácaros y polvo, mientras que el grado de humedad de la ventilación por aerotermia mantiene estos alérgenos, en gran medida, en la parte inferior de la habitación.

Esta tecnología es novedosa. Es una evolución de los aires acondicionados.

Otras alternativas sostenibles.   

En la eficiencia energética de las viviendas se da una relación curiosa. Las alternativas más respetuosas con el medioambiente son, a su vez, las más económicas para nuestro bolsillo. Lo podemos ver en la instalación de paneles solares. Desde el primer momento en el que colocamos paneles fotovoltaicos en el tejado de nuestra vivienda para producir energía, aprovechando la potencia del sol, notamos una bajada en el recibo de la luz.

Esta sensibilidad ecologista que nos impregna en los tiempos actuales hace que busquemos, también entre los sistemas de climatización, soluciones más respetuosas con el medioambiente. La aerotermia es una de ellas, pero tenemos más, que se están volviendo cada vez más populares. Estas son algunas de ellas.

Calefacción por biomasa. 

Según la revista Interiores, la biomasa es el sistema de calefacción más económico que existe. Su coste ronda los 339 € anuales. Funciona aprovechando residuos como los pellets, los restos de poda o los huesos de aceituna.

Es la opción preferida por las viviendas unifamiliares que se gestionan de una manera sostenible. Su funcionamiento es sencillo. Funcionan con estufas o calderas similares a las antiguas estufas de leña, solo que empleando otros combustibles orgánicos.

Javier Díaz, presidente de la Asociación Española de Biomasa, comenta al Periódico de Cataluña que todo lo que necesitamos para hacer funcionar las calefacciones de biomasa lo tenemos en el patio de nuestra casa; no necesitamos ir a buscarlo a Oriente Medio. Y es que una estufa de biomasa funciona con cualquier residuo orgánico que tengamos a nuestro alcance: restos de la poda de las plantas del jardín, astillas de muebles rotos, cáscaras de frutos secos, mondas de frutas y verduras, etc.

Esto representa un nivel de autonomía energética relevante tanto para los hogares como para la economía del país. Ya que reducimos la dependencia de los combustibles fósiles y bajamos las importaciones de gas, petróleo y sus derivados.

Son interesantes los sistemas de calefacción de calentamiento de agua por medio de biomasa. Con un mecanismo parecido al de las instalaciones de gas natural. Solo que en este caso, el agua que circula por los radiadores y las tuberías no se calienta con una caldera de gas, sino de biomasa.

El problema que entraña la biomasa es que se necesita espacio de almacenamiento. La vivienda debe disponer de un trastero o de un almacén suficientemente grande como para guardar los sacos de pellets o el combustible que vayamos a quemar.

El suelo radiante. 

El blog Climatización y Confort nos habla de otro sistema de calefacción que está aumentando en nuestro país, sobre todo, en las construcciones de obra nueva. Se trata del suelo radiante. Las constructoras lo incorporan ya de obra, antes de poner el suelo definitivo, para aumentar el precio de la vivienda. Es un complemento que mejora el confort.

El suelo radiante, en realidad, es una manera de distribuir el calor. En los hechos, funciona como una calefacción de agua, que se activa por medio de una caldera de gas natural, de gasoil o de otro combustible. El calor, en lugar de irradiarse por medio de radiadores metálicos, se distribuye por la vivienda a través de un circuito de tuberías que discurren en zigzag por debajo del piso.

Este sistema permite una distribución más homogénea del calor. Mucho mejor que ningún otro sistema. Eliminando puntos muertos donde el calor no llega y espacios donde es excesivo.

Representa también un ahorro para las familias. Ya que con una vivienda bien aislada térmicamente, se consigue conservar el calor gastando mucha menos energía. Un ahorro en gas natural y electricidad que cuida el planeta y redunda en nuestro bolsillo.

Con el suelo radiante se crean ambientes sanos. Al no utilizar ventiladores ni sistemas de radiación de aire, no se mueve el polvo y se mantiene la humedad del ambiente. Tiene un mecanismo silencioso, que no produce ruidos de motores ni vibraciones de tuberías. Al menos, que percibamos en el interior de la vivienda.

Es también uno de los sistemas preferidos por los interioristas. Puesto que no introduce elementos como los radiadores o los split, dejando la vivienda despejada para decorarla a nuestro gusto.

La importancia del mantenimiento. 

Si estamos hablando de mejorar la climatización del hogar, mantenerla en un estado de funcionamiento óptimo y ahorrarnos dinero en los recibos de suministro energético, el buen mantenimiento de las instalaciones es una cuestión clave, con independencia del sistema de calefacción que tengamos instalado, tal y como nos comentan los técnicos de Serteco, una empresa de reparación y mantenimiento de calderas, electrodomésticos y aire acondicionado de Burgos, que lleva trabajando en el sector desde 1965.

Y es que muchos inviernos gastamos más en electricidad o en gas, no por el sistema de calefacción que tengamos en casa, sino porque los aparatos no están en perfecto estado. Una caldera con pequeños desperfectos necesita consumir más gas y electricidad para producir el mismo calor. Estas pequeñas taras, producidas por el uso, derivan con el tiempo en averías, cuya resolución nos resulta más costosa y que pueden implicar, incluso, la compra de una caldera nueva o la sustitución de algunos radiadores.

En el aire acondicionado sucede algo parecido. Una acción tan sencilla como limpiar los filtros hace que el aparato gaste menos electricidad para producir la misma cantidad de aire frío o caliente y que le cueste menos alcanzar la temperatura deseada.

Todo esto sin olvidar los perjuicios que nos puede ocasionar quedarnos sin calefacción durante unos días en pleno invierno.

El verano es el mejor momento para revisar la calefacción.

Para instalar un nuevo sistema de calefacción en casa o revisar el que tenemos instalado, el verano es el momento indicado. Nos puede parecer chocante. Esos días tenemos la cabeza en otras cosas, por ejemplo, en cómo librarnos del calor. Pero si somos previsores, con varios meses de antelación, nos aseguraremos de tener la calefacción en perfectas condiciones para cuando la necesitemos y nos evitamos desagradables contratiempos.

En verano, las empresas instaladoras y de mantenimiento suelen presentar ofertas interesantes para instalar una calefacción o para realizar una puesta a punto.

Estos trabajos llevan su tiempo. En verano, una temporada en la que estamos menos en casa, los operarios pueden trabajar más cómodos y realizar mejor su trabajo. Esto reduce los errores humanos y, por tanto, disminuye las posibilidades de que volvamos a llamar al técnico porque algo en la calefacción no funciona como esperamos.

Esta manera de actuar hace que cambiemos el chip. Pensamos en preparar la casa para el invierno cuando estamos en verano y viceversa. Como dice el refrán: “Hombre precavido vale por dos”. Es la mejor forma de disfrutar de un invierno agradable sin tener que pasar penurias.

 

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