Una historia real del Covid

Lo que nos ha tocado vivir nadie lo podía imaginar. Coronavirus o covid…vaya dos palabras que han servido para dar la vuelta a la vida de todos. Lo que al principio era una simple gripe de los chinos, con la que se hicieron un montón de gracias, se ha convertido en la peor pandemia que se recuerda en todo el planeta. Sí, todo el planeta, porque en estos vamos todos. Un año y medio después son muchas las historias que hemos escuchado. Los medios de comunicación nos han bombardeado con noticias, con datos, cifras, testimonios…pero la verdad es que hasta que no lo vives en primera persona no sabes lo que es.

Por eso, desde mi humildad quiere contar mi caso. Uno más entre los millones que hemos tenido en el mundo y en España. Quizás sirva de ejemplo a alguien, o quizás sirva de consuelo. Sea como sea, esto es una historial real del covid.

40 años, joven y sano

Mi historia podría empezar así: varón, 40 años, sin patologías previas…ingresado por neumonía bilateral durante once días. Ese fue mi diagnóstico cuando salí del covid. Nunca pensé que yo, un chico sin enfermedades, cuidadoso  e incluso haciendo deporte iba a estar jugando entre la vida y la muerte por culpa de un virus. Fue en abril de 2021, es decir, en la cuarta ola, cuando pensábamos, o eso decían que lo peor ya había pasado. Pero no, este virus no descansa y no se va. Ni en verano ni en Semana Santa ni respeta las reuniones familiares.

Así fue como me contagié. En una visita a comer a casa de mis padres. A las dos personas que más había que cuidar y que metimos en un buen lío. Después de muchos meses de cumplir a rajatabla con todas las indicaciones que nos decían las autoridades sanitarias. El bicho entró en mi casa. La ‘culpable’ fue mi hermana, que lo cogió en el trabajo. Y una vez que estuvimos en casa fue como un virus que se extiende a la velocidad de la luz. Ella la primera. Luego pruebas para mis padres, y para mí. Todos positivos. En ese momento no sabes qué hacer ni qué decir. No sabes si pensar en ti y en recuperarte, o pensar en ellos. A sus 80 años, si sobrevivían sería un milagro.

EL día del ingreso

Yo, vivo solo por lo que fue fácil el poder aislarme. Mis padres y mi hermana se aislaron en su casa, lugar del contagio. Al principio cruzamos los dedos y pensamos que seríamos como esas familias que lo pasaron asintomáticos. Pero esto solo lo lograron mi madre y mi hermana. Pero este bicho es muy traidor y se va acordando de ti con el paso de los días. Mi padre tuvo que ser ingresado un viernes. Una semana después fui yo. Mi padre estuvo al borde de la muerte. Hasta el punto de que los médicos nos llamaron para que nos pusieran en lo peor. En mi caso, iba de más a menos.

Mis síntomas fueron simples, mejor dicho, mi síntoma. Solo tenía fiebre por las noches. Pero muy altas por lo que la médica me envío a Urgencias y ahí quedé. Por suerte me trataron muy bien, y aunque jugando con la UCI, gracias a los medicamentos y al oxígeno logré salir. No me han quedado secuelas físicas, o eso parece, pero sí mentales. Es una enfermedad muy dura, sobre todo si la padecen varios al mismo tiempo. Todavía tengo en mi mente, los diez días que estuvo solo en casa, sin poder hacer nada por mis padres. En concreto por mi padre. Ya pensaba que se iba a morir y no me iba a poder ni despedir de él.

La vuelta a casa

Sin embargo, siempre parece que hay una pequeña luz. Mi padre salió adelante. Es cierto que tras 4 meses de estancia en el Hospital, y dos meses en la UCI. Vivió el entubamiento y todos los procesos que tienen estos enfermos. Aun tengo en mi mente el primer día que volvió a casa. Era como si se hubiera ido un adulto y hubiera regresado un anciano. Esta enfermedad es muy dura. De momento hemos tenido que amoldar la casa a tu nueva situación. Por ejemplo con una cama articulada de Cuidaria, ya que ni mi madre ni mi hermana pueden moverle a mi padre para ciertas situaciones del día a día.

Ahora comienza otra historia. Pero como digo a mi familia, lo que se pueda pagar con dinero y con tiempo, bien merece la pena. Pensemos en que mi padre vio la luz, pero bien vista. Ahora sigue con notros, algo que muchas, pero que muchas familias, no pueden decir. Y hasta aquí mi historia con el covid, podría contar muchos más detalles, pero quizás, tú sepas más que yo por haberlo vivido también. ¿Verdad?