Una vida digna a pesar de mi incapacidad

Hace un poco más de dos años trabajaba en una empresa que montaba ascensores, montacargas, montacoches, etc., y todo iba bien hasta que un día sufriera un accidente laboral mientras estábamos mi compañero y yo montando un ascensor en una residencia de ancianos. Se me cayó casi, en efecto, el ascensor sobre la espalda y no me aplastó por completo de milagro gracias a la intervención rápida y astuta de mi colega quien consiguió frenar la caída a tiempo. No obstante, los cables de acero del ascensor me laceraron la espalda y fracturaron varias vértebras. Desde entonces sufro un verdadero martirio a pesar de haber sido operado varias veces y tratado. No creo que mejore un día ni que pueda un día volver a trabajar ya que no me puedo casi mover ni siquiera girarme. Por ello,  he decidido pedir la incapacidad absoluta y para asesorarme de la mejor manera posible he contactado al celebérrimo bufete Durán & Durán Abogados. Pues, me parece fundamental que el caso sea llevado por un abogado especialista en incapacidad absoluta para intentar obtener la mejor prestación de incapacidad posible, así como el correcto y correspondiente importe ya que la prestación percibida debe corresponder a la patología sufrida. Claro está que no se me debe olvidar que una incapacidad bien ajustada podrá permitirme vivir con serenidad y desahogo. Además, con una incapacidad absoluta bien gestionada, cualquier eventualidad de dependencia que pueda sobrevenirme o afectar a los míos, será mucho más llevadera.

¿En qué consiste una incapacidad absoluta y quién puede beneficiarse de ella?

Hay que saber que dentro de los tipos de incapacidades permanentes, se encuentra la denominada incapacidad absoluta que es aquella que impide totalmente al trabajador ejercer cualquier profesión u oficio. No obstante, si bien ésta es la definición legal, también es verdad que en la actualidad los tribunales van readaptando dicho concepto, puesto que si se aplicara tal cual, nunca se concedería entonces la incapacidad absoluta permanente. Por esa razón, los jueces toman en consideración la capacidad que tiene la persona para realizar otro trabajo aunque no le deba  corresponder por ello la invalidez absoluta. Lo cual significa que si no puede cumplir con las normas para que se le conceda dicha invalidez, sí que puede, sin embargo, pasar por el juicio de incapacidad permanente absoluta. Pues, la discapacidad absoluta y la incapacidad permanente son dos cosas totalmente diferentes. En cuanto a los beneficiarios, éstos pueden ser cualquier persona que no haya llegado a la edad de la jubilación o que no reúna las condiciones necesarias para que se le conceda la pensión de jubilación contributiva. Por otra parte, ésta debe estar afiliada o en situación similar. Existe una excepción, y ésta es cuando la persona no esté dada de alta o situación similar por causa de enfermedad común y a la condición que haya cotizado por lo menos 15 días a lo largo de su vida, de los cuales 3 deben haber sido cotizados durante los últimos 10 años.

Yo, a primera vista, reunía todas las condiciones: se me habían roto varias vértebras (fracturas de flexión) debido a las múltiples fracturas de compresión que habían sido causadas por la fuerza del ascensor que caía, y del que cuyos cables habían provocado un aplastamiento de estas vértebras. Estas roturas fueron provocadas por una repentina aceleración del ascensor cuya carga fue transmitida por la columna vertebral, la cual entregó entonces las vértebras a pisarse sobre los lados. Obviamente, se trataba de un accidente laboral. No obstante, la dirección de la empresa parecía hacer oídos sordos del caso y por ello opté por contactar al despacho de abogados Durán & Durán puesto que las fracturas de mis vértebras y me pésimo estado de salud derivaban del accidente laboral que había sufrido. Con lo cual, ni siquiera era necesario que tuviera un período de cotización mínimo. Con la ayuda del abogado experto del bufete rellené la solicitud de incapacidad permanente y tras ello, me llamaron del INSS (Instituto Nacional de la Seguridad Social) para pasar un reconocimiento por el tribunal médico. A los 135 días (tiempo que corresponde al tiempo máximo para que te notifiquen la resolución del tribunal) y después de haber sido elevada esta última al EVI (Equipo de Evaluaciones de Incapacidades), recibí la propuesta de indemnización del tribunal. Supuestamente, en los casos de accidente laboral o enfermedad profesional, a los 100 % de la base reguladora que me correspondía se le debía añadir un incremento de 30 ó 50 %, lo que no aparecía en dicha resolución. Fue gracias a mi abogado, quien revisó y defendió mi incapacidad, que pude obtener lo que verdaderamente me correspondía. Pues, a pesar de mi incapacidad absoluta yo quiero vivir de forma digna…