Mudanza de negocios

Es muy fácil que, tras un tiempo de trabajo en una misma localización, nos veamos en la obligación de mudarnos. Y es que, en muchas ocasiones, iniciamos nuestra andadura laboral con un presupuesto ajustado y optamos por espacios coworking o centros de negocios con alquileres asequibles, e incluso a veces elegimos locales que no están en unas condiciones ideales porque el precio es mucho mejor. Luego, cuando el negocio despega y los beneficios empiezan a ser mayores, lo primero que hacemos es mudarnos… ¿o no?

Hace ya más de 5 años que empecé con un negocio de mediación en pleno centro de Alicante. Para aquellos que no lo sepan explico un poco en qué consiste. Se trata de un procedimiento en el que las partes de un conflicto intentan, voluntariamente, alcanzar un acuerdo con la ayuda de un profesional en mediación, que no tiene funciones decisorias, sino que “media” y gestiona el procedimiento.

El caso es que por un golpe de suerte conseguí alquilar un local en el centro, algo que a priori veía improbable. Lógicamente estar en el centro de una gran urbe te aporta imagen de marca y muchos clientes pero tiene un gran hándicap, el precio. Yo lo que encontré fue un pequeño chollo que tenía un precio económico porque necesitaba una buena reforma. Podría haberme asustado pero acepté el desafío. El problema es que por economía fui a lo mínimo y ahora, tras cinco años, las humedades que en su día creí haber eliminado han vuelto a hacer acto de presencia. Esto me lleva a pensar que tengo dos opciones: mudarme a otro local o hacer una buena reforma que mejore, además, la estética de mi negocio. He optado por la segunda opción.

Por qué prefiero no mudarme:

Para empezar, creo que cambiar la ubicación es un error porque estoy en una zona de negocios que me ha traído mucha clientela y ahora mismo quien me busca, bien porque me conoce o bien porque le han hablado de mí, me relaciona irremediablemente con dicha ubicación. Eos me hace pensar que si me mudo perderé clientela. Como conclusión he de decir que la única opción que me queda es buscar una empresa especializada que solucione mis problemas de humedades y, ya que me pongo, una empresa que mejore la estética de mi negocio.

Planit es la empresa que más confianza me ha dado y que mejor presupuesto ha presentado así que ellos serán los encargados de iniciar el trabajo, más que nada porque las humedades es lo primero a solucionar. Una vez que éstas hayan desaparecido definitivamente voy a contactar con Delbin para reformar todo el local. Quiero poner mamparas divisoras, de esas de cristal, que dividan la entrada de mi despacho y del de mi compañera, así como de la sala de reuniones y juntas, pero también quiero poner armarios nuevos en las dos oficinas, de esos que funcionan como si fueran la propia pared, los llaman “tabiques de armarios”. Y, por último, pintaré las paredes con los colores de la empresa: azul, gris y blanco, como el logo.

Al final, aunque el desembolso económico sea ahora mayor, creo que es más producente quedarme donde estoy que mudarme a otro local ya que, de lo contrario, es posible que pierda más dinero al perder clientes con la mudanza. Por eso hay que valorar muy mucho los pros y los contras de algo así y tener claro si merece la pena cambiar el domicilio fiscal o no.